Este su propio ingenio y destreza para poder

Este caso es sobre la historia de 187 mujeres trabajadoras de la planta Ford de la localidad de Dagenham, Inglaterra. En 1968, estas mujeres organizaron una gran huelga en la que protestaban por la discriminación de género, exigiendo un salario equitativo al de los hombres. La huelga paralizó la planta de producción de Ford en Dagenham y finalmente ganaron las mujeres, aunque no con igualdad de pagos. El hecho fue, según algunos expertos, algo decisivo para conseguir que la Ley de Igualdad Salarial de 1970 fuera aprobada en el parlamento Las ‘maquinistas de costura’, como se les conocía a los puestos desempeñados normalmente por las mujeres, estaban clasificadas como Grado A o de “Habilidades Mínimas”, es decir que su trabajo requería el mínimo de destreza y esfuerzo, y por lo tanto su salario era mucho menor que el de los varones. Además de eso, no podían aspirar a realizar otras labores calificadas como grado B, que eran para los menos capacitados, o grado C, destinadas para los que contaban con destrezas más especializadas. Las actividades de grado C estaban reservadas para los varones por asumir tareas mayores que las mujeres. Por esa razón, ellas estaban incapacitadas para realizar esas tareas, simplemente por el hecho de ser mujer. Las actividades que desarrollaban las mujeres era la de coser el revestimiento de piel de los asientos de los vehículos. Estas no disponían de ningún patrón para realizarlos, sino que ellas mismas tenían que hacerlo a puro ojo, mediante sus propias habilidades. Además, cuando debían realizar un nuevo diseño no recibían pautas para ello, sino que tenían que valerse de su propio ingenio y destreza para poder sacar algo de varios trozos de piel. Por otro lado, el lugar de trabajo destinado a estas mujeres estaba en bajas condiciones, sucio y sin cuidado alguno. Esto era así porque la costura la consideraban una tarea de poca importancia, y por ello no se molestaban mucho en ello. Al principio, las mujeres, tenían en su representación un delegado hombre que realizaba las tareas sindicales. Ellas, al ver que sus reclamos y protestas no eran escuchados, decidieron elegir a una persona del mismo género que realmente alzara voz por ellas y lleve sus demandas a mayores condiciones. Así, Rita O’Grady, trabajadora de tapicería, surge votada en asamblea de base por sus compañeras como representante del resto para llevar sus reclamos a la patronal. Sin embargo, Rita se entera de que hay una cuestión más amplia de este conflicto teniendo en cuenta que las mujeres se les paga una fracción de los terribles salarios de los hombres por el mismo trabajo. Existen peleas políticas dadas al sindicato con esta nueva representante que no se compra ni se venda a nadie, llevando el mandato de sus compañeras para poder triunfar en sus demandas. El objetivo de la empresa era jugar al desgaste, y aislar a las mujeres, pero no lo logran.Por esa razón se niegan a tolerar esa situación por más tiempo, y ello conlleva una huelga de maquinistas de sus compañeras de igual salario por igual trabajo. Con letreros que decían: “¡queremos respeto! ¡Igualdad salarial o nada!”. Así se inicia la huelga de obreras que trascendería en la historia de la lucha por los derechos de las mujeres.Esta huelga duró tres semanas y en ella no solo participaron las mujeres que trabajaban en la fábrica de Ford, sino que la representante Rita acude ante los delegados de Sindicatos de Trabajadores a pedirles que apoyen la huelga de maquinistas diciendo lo siguiente: “Estamos juntos en esto, hombres y mujeres. No estamos divididos por sexo. Sino por aquellos que están dispuestos a aceptar la injusticia” “No es un privilegio el que las mujeres podamos aspirar a tener los mismos derechos que los hombres, es una cuestión de principios y justicia”.Tras la huelga, las maquinistas de costura aceptaron un acuerdo con la empresa, promovido por la ministra del Empleo, que las acercaba en un 92% al salario de los varones. Sin embargo, esto no fue suficiente y juntas emprendieron una lucha por avanzar en la causa de los derechos de las mujeres trabajadoras llevando su reclamo a la capital de Westminster. Los titulares de los principales diarios titulaban: “las mujeres de Ford siguen peleando”.Muchos de los trabajadores varones se comportaron de forma insolente y abusiva con estas mujeres, pero aun así no desistieron.Hasta que llegó el momento en que fueron recibidas por la ministra del Empleo, Barbara Castle, una mujer fuerte e inteligente. La ministra apoyó la causa, aprobando la Ley de Pago igualitario de 1970.16 años después, en 1984, las maquinistas volvieron a salir a la calle a exigir el respeto a sus derechos con consignas como éstas: “Equal Works deserves Equal Pay!”, que significa “Un trabajo igual merece un sueldo igual”.Una trabajadora de Ford y luchadora por los derechos de la mujer, describe la situación de la siguiente manera: “Cuando se acumulaba el trabajo en otras áreas de la planta, por ejemplo en el área de instalación de paneles, las chicas salían a apoyar a los hombres. Pero cuando se acumulaba el trabajo en la costura, era imposible colocar hombres en una máquina de costura, no tenían ni idea de cómo empezar a meter el hilo en la aguja”.Fue la Comisión Europea quien obligó a la entonces Primer Ministra Margaret Thatcher, a pesar de ser mujer, a pasar una ley que garantizara el pago igualitario por un trabajo igualitario.Así la ley que prohíbe el trato menos favorable entre los hombres y las mujeres en términos de remuneración y condiciones de empleo en el Reino Unido, fue aprobada por el Parlamento a raíz de la huelga de 1968 Ford maquinistas de costura y entró en vigor el 29 de diciembre de 1975. Y hoy en día se encuentra dentro del Derecho de la Unión Europea, que es común a todos los Estados miembros.

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